Mi primer contacto con las computadoras fue a los 12 años en 1989, frente a una PC Printaform 486, 16 mb de RAM y Windows 3.1. Años después, siendo estudiante de la Licenciatura en Informática, desarrollé, administré y creé el sitio web www.oaxacool.com, donde, cámara digital en mano, recorría bares y discotecas para vender publicidad y promocionar lugares y eventos nocturnos como conciertos. Ya como maestro, impulsé www.zona17.com en 2005, en un intento por dar a conocer información de la supervisión escolar a la que pertenecia la escuela donde trabaje. Más adelante, 2017, mantuve sitios como maestrodeoaxaca.com y 2ntes.com, enfocados en temas de política educativa. Hoy, a través de diariodelmestro.com y ahora en video a través TikTok y YouTube, abordo el día a día docente desde mi labor actual como director.

Dicho esto, reflexionemos sobre el presente. Desde hace un par de años, especialmente después de la pandemia, empecé a notar que mi caligrafía se iba deteriorando. Casi al mismo tiempo dejé de leer libros completos (un hábito que ya practicaba poco) para conformarme con resúmenes que en su momento creí que me ahorrarían tiempo. Hoy veo que no fue así: dejé de entender contextos profundos y tuve que regresar a mi agenda de director escrita a mano, abandonando la comodidad digital de Google for Education.

Como director, la Inteligencia Artificial me facilita enormemente el trabajo, pero requiere un filtro crítico. En un inicio la usaba vaciando textualmente lo que quería plasmar en un oficio; ahora lo redacto y después le doy una pasada para correcciones, pues noté que mi capacidad de redacción también se estaba atrofiando. Este artículo, de hecho, está escrito por mí y revisado con una pasadita por Gemini Plus para afinar detalles.

Con los maestros creo que pasa algo parecido. Al solicitar las planeaciones de clase impresas, les di la opción de descargarlas o hacerlas con apoyo de IA, pero en muchos casos me las entregaron sin el formato que les facilité: las descargaban, copiaban y pegaban tal cual. No se trata de una carga administrativa innecesaria al exigir que respeten el formato, sino de respetar los requisitos mínimos que se les piden para también facilitar el trabajo de la Coordinación Académica.

En el caso de los alumnos, la situación es profunda y nos golpea tanto en la escuela como en el hogar. Como padre de familia (tengo un hijo de 9 años que ya me pide celular y una niña de 6) entiendo perfectamente el dilema al que nos enfrentamos en casa. Mi hijo mayor utiliza un dispositivo reciclado configurado con Family Link, lo que le permite un máximo de dos horas sabado y domingo. Aun así, al verlo consumir videos cortos o reels en la televisión, me preocupa mucho notar cómo se enganchan a la inmediatez, generando una ansiedad constante por ver más y más videos; por eso, cada vez que puedo, se lo prohíbo y busco alternativas.

Por fortuna, en mi dinámica familiar el tiempo de pantallas entre semana es casi nulo: mis dos hijos van a karate de 6:00 p.m. a 7:30 p.m., y de 5:00 a 6:00 p.m. él sale a jugar fútbol al patio con el vecino. Pero esta realidad hogareña me hace comprender profundamente el drama de muchos padres y madres que trabajan todo el día y dejan a sus hijos solos por las tardes. Para ellos, la opción más fácil (y a veces la única) es mantenerlos seguros dentro de casa, aunque el precio sea entregarlos, sin supervisión, al consumo desmedido de la red.

El ciclo escolar pasado, buscando dimensionar esta problemática en la escuela, le pedí a la maestra de USAER que me ayudara a revisar el tiempo que los alumnos pasaban conectados a través de la opción de Bienestar Digital. El hallazgo fue alarmante: registros de entre 4 y 10 horas diarias frente a la pantalla. Si un alumno llega a su casa a las 3:00 p.m., come y se desocupa a las 4:00 p.m., cuatro horas de celular significa que a las 8:00 p.m. termine de usarlo pero también su día, sin contar los casos extremos de quienes se desvelan jugando hasta las 2:00 am. Esta saturación digital se entrelaza con caídas en la capacidad de atención y con resultados preocupantes en evaluaciones como PISA.

Ante este panorama, recientemente se ha publicado el Acuerdo número 09/09/26, emitido por la SEP, que busca regular el uso de dispositivos digitales personales en las escuelas. Más allá de la norma jurídica y las restricciones escolares, el verdadero reto está en nuestras manos como sociedad: recuperar el valor de la palabra escrita, de la lectura profunda, de la convivencia presencial y de guiar tanto en el aula como en casa un uso verdaderamente formativo de la tecnología.

Odín Sotomayor

Licenciado en Informática - Instituto Tecnológico de Oaxaca
Director de la Escuela Secundaria Técnica Núm. 216
Santa Cruz Xoxocotlán, Oaxaca
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Sitios web:
www.secundariastecnicas.org
www.diariodelmaestro.com
www.est216.edu.mx

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